Imagínese esto. Usted sospecha que un empleado (el Sr. Manos Largas) ha estado robando en el trabajo desde hace ya semanas. Hoy múltiples testigos se le han acercado a usted para decir que vieron a Manos Largas llevándose dinero de la registradora. Usted se siente inspirado por los cuatro episodios de “Las primeras 48” que vio la noche anterior y cree que sería chévere interrogar a Manos Largas en una de esas habitaciones pequeñas que usan los policías en la televisión. Usted se sienta echado hacia atrás en su silla (como hacen los policías), se toma despacio su café y empieza la interrogación. Pero, sin embargo, Manos Largos no dice una palabra. De hecho, Manos Largas también es fanáticos de Las primeras 48 y le dice que él “conoce sus derechos” y que no va hablar hasta uno de sus representantes esté presente. “¿Hablando de representante?”, piensa usted. “Si no estamos sindicalizados”.
Usted se sentía generoso ese día así que se inclinaba a sencillamente suspender temporalmente a Manos Largas sin derecho a sueldo. Ahora que se está pasando de sabichoso, sin embargo, usted decide despedirlo ahí mismo por insubordinación.
¿Buena idea? ¿Mala idea? Bueno, a veces para encontrar la respuesta hay que hacer muchísimo trabajo de detective.









